Brasil: Sucesiones en la Política del Poder.

La situación política de Brasil ha sufrido, especialmente en los últimos 25 años, una transformación en la cual ocurrió  la transición entre un sistema bipartidista y no democrático, limitado a una estructura dictatorial, para un sistema  pluralista, multipartidista y, esencialmente, democrático. En un pequeño espacio de años, la política brasileña parte de un gobierno autoritario de derecha y, a través de la apertura política, de variadas reformas institucionales, así como de la promulgación de una nueva Constitución, finalmente, en principio del siglo XXI, observa la ascensión de un partido vinculado a los movimientos de “izquierda”, el Partido dos Trabalhadores (PT).             

Realizándose un análisis de la historia política reciente de Brasil, partiendo de los cambios de la política del poder, la conclusión más obvia es que las instituciones democráticas se ven, lentamente en desarrollo. Todavía, aún restan muchas reformas a ser  ejecutadas: no por acaso, el programa partidario del PT desarrollase en dirección a coincidir con la necesidad de “reforma social”, fato que, combinado con la presencia de un liderazgo carismático y popular, incide en la elección del actual presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva.

La sucesión del Presidente brasileño por la candidata de su partido refleja, además de una concordancia con el proyecto futuro del PT, una aprobación a las políticas públicas aplicadas por el gobierno. Importante analizar que grande parte de esas políticas no presentan una intención de largo plazo, sino que una posición inmediatista - asistencialista en las cuestiones sociales y  conservadora en cuestiones económicas. Es decir que en Brasil la construcción de la democracia aún tiene un gran camino en frente en lo que se refiere a la utilización consciente del voto como un instrumento de representación política y no solo de cambio de intereses.

Dilma Roussef tendrá la responsabilidad de dirigir un país de crecente visibilidad internacional y promisores aportes económicos provenientes de la explotación de la reserva petrolífera recientemente descubierta en Brasil. Sin embargo, lo que se espera de Dilma en los próximos años es la capacidad de distribución de la riqueza generada por el crecimiento económico brasileño y la mejoría de vida de los sectores más pobres de la población brasileña. Esperamos al final de los cuatro años de su mandato festejar no tan solo las mejorías puntuales provenientes del mundial de futbol y las olimpiadas a realizar en Brasil, pero también las victorias en la disminución de la pobreza y desigualdad por medio de políticas publicas estructurales.