Un nobel y la democracia

 

A partir de lo recorrido en el transcurso de esta semana hemos podido delimitar nuestro punto de partida: la democracia no es un sistema perfecto pero sí es el mejor de los sistemas de gobierno que se conocen . Es un concepto dinámico que se va construyendo en cada contexto sociohistórico.

Creemos que nuestro desafío como jóvenes que quieren participar en la construcción de lo público, es dotar de contenido al proceso de democratización a partir de la propuesta de políticas públicas tendientes a resolver los desafíos que se le presentan a las sociedades latinoamericanas contemporáneas, esto es qué puede hacer la democracia en la lucha contra la violencia, su  función en una sociedad multiculturalista , su vínculo con la igualdad, cómo debe participar la sociedad civil, entre otros posibles aspectos.

A partir de la coyuntura que atravesamos el día de hoy es que hemos decidido profundizar en el último aspecto mencionado, el rol de los movimientos sociales y de la ciudadanía, a partir del relato de nuestro compañero Bruno, el cual es el fiel reflejo de lo desarrallado en el encuentro de hoy.

"Mi país fue azotado por una guerra interna durante los 80’s y 90’s. El Perú, el país de Machupichu, de mayoría indígena, del ceviche y el Pisco Sour, es, en realidad, un país fragmentado. Que luchó entre sí; por un lado Sendero Luminoso y, por otro, el Estado. Esta lucha terminó durante la dictadura de Alberto Fujimori: un japonés-peruano que renunció por fax, que se fue a Japón y que fue extraditado por Chile y hoy es juzgado por más de una decena de delitos, incluyendo lesa humanidad.  La Comisión de Verdad y Reconciliación fue un paso lógico y tallado de justicia para tratar de poner final a una historia que en todo momento nos hace preguntarnos ‘’en qué momento se jodió el Perú’’ (Vargas Llosa, Conversaciones en la Catedral).

Hoy un peruano, aparte de los tres del grupo de los Botín, hizo historia: Mario Vargas Llosa, peruano, arequipeño, con una carrera literaria brillante e historia política interesantísima ganó el premio nobel de literatura. Por más orgulloso que me sienta y por más afecto por la calidad artística y literaria del autor, este post no busca hablar de eso, sino más bien reseñar la manera en que la participación de este peruano ha podido dar curso a la historia democrática de este país.

El Museo de la Memoria fue una de la larga lista de recomendaciones que hizo la CVR (Comisión de la Verdad y Reconciliación). Será un espacio de recuerdo. Donde yo, que no sentí las bombas, que no fui separado de mi familia, violado, extorsionado. Donde yo, que no pude experimentar la pena de casi dos décadas de sufrimiento, que no pude sentir el miedo de vivir en mi propio suelo, podría abrir un poco mi corazón a descubrir la identidad de un país, que aún está lejos de consolidarse. 

Vargas Llosa fue elegido presidente del patronato del Museo de la Memoria. El gobierno de Alan García dio una norma que permitía una amnistía a aquellos que perpetraron delitos y que aún no tenían sentencia durante la obscura época que persiguió a mi país y que antes relaté. Este gran hombre (por supuesto no me refiero a Alan García sino a Vargas Llosa), renunció a su cargo con una carta dirigida a este segundo que mostraba su compromiso con la democracia y los derechos humanos.

No sé si fue la carta. No sé si fue un segundo de cordura de mis legisladores, pero tuvo que pasar poco tiempo para que el decreto legislativo quedara derogado. La sociedad civil, en la persona de Mario Vargas Llosa, hoy ganador de un premio nobel, logró que el gobierno continúe el camino democrático. Este, perdónenme si me equivoco, es un claro ejemplo de cómo podemos ejercer la democracia los ciudadanos y no sólo la clase política. Literatos, políticos, artistas, podemos ser la sociedad civil organizada; compensar el poder y afilar el proceso democrático".